PRÓLOGO:

No soy poeta,

solo escribo versos cuando mi corazón reclama ser escuchado.

Y aquella primavera, 

llegaron los reclamos. 

Unos reclamos que empezaron siendo un montón de notas en el 

móvil que eran solo «para mí», 

para sostenerme, 

para acompañarme, 

para desahogarme.

Y verso a verso, 

poema a poema, 

y sin propósito claro

nació este poemario.

Sin pedir permiso. 

Los primeros poemas nacieron del desgarro.

De una ciudad que me hizo sentir más sola de lo que creí posible,

de la sensación de no pertenecer a ningún lugar,

de un hogar que se convierte en casa,

de un hasta pronto que se convierte en adiós.

Pero a todo final le sigue un inicio,

y así, las palabras adoptaron un nuevo sentido y una nueva 

dirección.

Los versos que hablaban de despedidas ahora hablan de 

reencuentros y bienvenidas.

Hay poemas que duelen,

otros que abrazan,

otros que ya no tienen el sentido que tenían, 

pero permanecerán entre estas páginas,

testigos de un momento,

de una versión de mí que ya no existe,

pero existió

y que honraré, 

aunque ya no me represente del todo.